{"id":34,"date":"2011-04-01T12:38:58","date_gmt":"2011-04-01T12:38:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.palabrasenvueltas.es\/?p=34"},"modified":"2012-10-29T09:01:27","modified_gmt":"2012-10-29T09:01:27","slug":"los-zapatos-de-gaelle","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.palabrasenvueltas.es\/?p=34","title":{"rendered":"Los zapatos de Gaelle"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Me llamo Gaelle y tengo unos treinta a\u00f1os. Quiz\u00e1 parezca extra\u00f1o que no quiera \u00a0revelar exactamente mi edad, pero deb\u00e9is creerme si os digo, que no estoy segura del d\u00eda, ni del a\u00f1o en que nac\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuantas veces pregunt\u00e9 a mi madre por la fecha de mi alumbramiento obtuve siempre de sus labios, la misma respuesta:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u201cNo quieras saberla, Gaelle, \u2013contestaba torciendo levemente el gesto\u2013, la abuela siempre dec\u00eda, que quien conoce el d\u00eda en que naci\u00f3, presagiar\u00e1 dos meses antes, el momento de su muerte\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fui creciendo ajena al significado que entra\u00f1aban aquellas palabras y un d\u00eda, sin venir a cuento, dej\u00e9 de preguntar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por aqu\u00e9l entonces mis correr\u00edas y juegos en el bosque cercano a la aldea donde viv\u00eda, los acompa\u00f1aba de dos amigas de alzada similar a la m\u00eda a las que conoc\u00eda desde los albores de mi memoria. Por medio de la comparaci\u00f3n y la inocencia, decid\u00ed que si ellas contaban con siete espl\u00e9ndidas primaveras yo tendr\u00eda el mismo n\u00famero de oscuros inviernos, convine pues con mi fr\u00e1gil cuerpecillo que eran siete los a\u00f1os vividos y a partir de ah\u00ed, empec\u00e9 a contar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pas\u00e9 el tiempo apaciblemente entre la naturaleza apabullante que me rodeaba y los cuidados y ense\u00f1anzas de mi madre; a este aprendizaje debo a\u00f1adir el adiestramiento que me proporcion\u00f3 don Mat\u00edas, un maestro exiliado en aquel lugar perdido del mapa y a su escuela, una construcci\u00f3n desvencijada de pupitres pintarrajeados y gruesos muros de piedra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La otra ense\u00f1anza, la de la vida, la aprend\u00ed yo sola, con la ayuda de la observaci\u00f3n y el instinto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El tiempo inflexible jam\u00e1s se detiene y acord\u00e9 con mi juicio que con dieciocho a\u00f1os, deb\u00eda alejarme del cobijo de los m\u00edos para vivir por mi cuenta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debido a las razones que las normas reguladas establecen para ordenar los asuntos propios y ajenos, al salir de mi peque\u00f1o reino de bosques y riachuelos en la comarca gallega de Xallas, tuve que elegir una fecha que concretase fielmente el d\u00eda en el que abr\u00ed mis pulmones por vez primera y concret\u00e9, despu\u00e9s de mucho pensar, que el veintiuno de diciembre en el solsticio de invierno, cuando la noche parece no querer encontrarse con el alba y se convierte en la m\u00e1s larga y oscura del a\u00f1o, fuese ese y no otro el d\u00eda que quedara impreso en mi registro burocr\u00e1tico y consegu\u00ed por mediaci\u00f3n de un familiar lejano al que apenas recordaba, un contrato de trabajo para ejercer de limpiadora en un hotel bien considerado y muy estrellado de la capital.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ah\u00ed hago camas que otros han deshecho, y limpio moquetas que otros pisan. Tambi\u00e9n junto los zapatos que dejan esparcidos algunos clientes por el suelo antes de acudir a sus citas o paseos y los guardo ligados por parejas debajo de la cama. Coloco invariablemente el derecho a la izquierda y el izquierdo a la derecha. Me concedo esta peque\u00f1a travesura que aleja unas puntas de las otras para obligar a cruzar los pies de su amo, antes de calzarlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me gusta mi trabajo porque nunca me llevo tarea a casa y dispongo de muchas horas para conversar con los libros que atesoro en mi peque\u00f1a biblioteca, pues vivo sola, sin compa\u00f1\u00eda que exija mi atenci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Utilizo cada d\u00eda el transporte subterr\u00e1neo para llegar a la estaci\u00f3n Mar de Cristal, despu\u00e9s camino diez minutos hasta atravesar la puerta trasera de un gran edificio de enormes ventanales vidriados. Esta inmensa construcci\u00f3n est\u00e1 coronada por seis m\u00e1stiles de aluminio que soportan banderas de diversas tonalidades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los d\u00edas de invierno en los que el viento arrecia sin compasi\u00f3n y bambolea los lienzos multicolores que se encadenan con gruesas argollas met\u00e1licas a los palos estilizados, el sonido a puerto y embarcadero inunda la calle y yo me acerco paso a paso, brujuleando despacio hasta el cuartito donde me cambio de ropa, y ci\u00f1o mi cabeza con una peque\u00f1a cofia de encaje blanco como de espuma de ola.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el trayecto bajo tierra, coincido con financieros y alba\u00f1iles que acuden a sus empresas arrastrando sus zapatos. A estos andarines \u00fatiles dirijo constantemente mi atenci\u00f3n cuando consigo un asiento en el metro de Madrid.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cercan\u00eda de unos rostros desconocidos, aburridos y adormilados que me miran el semblante, me aturde de tal manera que bajo la mirada y diviso \u00fanicamente pies encerrados en zapatos de todo tipo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00e9 que sus miradas hacia m\u00ed, no significan nada, que solo ven un rostro anodino de d\u00f3cil mirada, por eso a veces, cuando amanezco descansada, satisfecha y fortalecida por la influencia que me otorg\u00f3 el h\u00e9roe de alguna de mis novelas la noche anterior; un impulso infantil me empuja a fijar la vista en el pasajero que me mira insistentemente y me freno como el mismo tren para no abrir exageradamente la boca y sacarle la lengua y abrir mucho los ojos en una gran mueca histri\u00f3nica. Si embargo, todos los d\u00edas, ante estos descaros escondo mi mirada entre viejos zapatos ajenos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El metro escandaloso nos mueve a su antojo dentro del compartimento y yo sigo vigilando el suelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mujer que tengo a mi lado sostiene un libro abierto por la p\u00e1gina 58. La he mirado de reojo y creo que est\u00e1 dormida, pues hace rato que no cambia de hoja y la nuca ya no es capaz de sujetar su cabeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El libro peque\u00f1o que acoge en el regazo de una falda beige, deja descubiertas unas rodillas bien torneadas envueltas en finas medias de color carne, estas acaban escondidas en unos sencillos zapatos de tac\u00f3n. Es verano fuera del metro y el atuendo tan formal de chaqueta y medias, apenas ofrece dudas sobre un oficio de azafata servicial en congresos sobre disertaciones empresariales, filos\u00f3ficas o cient\u00edficas que dejan poco o ning\u00fan espacio a la fantas\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y yo la imagino sonriente y aburrida, atenta y sol\u00edcita ante cualquier petici\u00f3n de individuos rematados con relucientes y brillantes zapatos puntiagudos negros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un hombre p\u00e1lido y delgado sentado frente a m\u00ed, no deja de mirarnos y empiezo a sentirme inc\u00f3moda, de nuevo bajo la vista y me detengo en sus botas de hombre envueltas en barro de calle h\u00fameda. Inevitables manchas de un d\u00eda lluvioso como el que amaneci\u00f3 hoy \u2013pienso\u2013 y le concedo, por tal motivo, la indulgencia del descuido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cruza las piernas en ese instante y su pie derecho se me acerca un poco m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La azafata adormilada se acaba de levantar sobresaltada por el chirrido del vag\u00f3n y se dirige a la puerta de salida; su libro quieto ha ca\u00eddo al suelo mostrando el t\u00edtulo despreocupado en grandes letras rojas: Wilt. Seguro que el autor nunca pens\u00f3 que la farsa de su obra, produjera en alguien ese efecto tan hipn\u00f3tico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A m\u00ed no me gusta exponer el asunto de mis libros a ojos de extra\u00f1os, por eso oculto las cubiertas con papel de peri\u00f3dico. Soy recelosa al mostrar mis gozos literarios y posesiva de las letras que escojo, pero me excuso diciendo que es para protegerlos de huellas grasientas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los vagones se van llenando en cada estaci\u00f3n y parece que nadie est\u00e1 dispuesto a bajar todav\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ambiente de repente se satura de flores invisibles y alzo la vista para descubrir qu\u00e9 clase de espejismo me ha producido esa impresi\u00f3n olorosa. No tardo nada en comprobar que pertenece a una bella mujer que desprende un fuerte aroma a lilas silvestres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me comparo con ella y calculo sin dudar, que tendr\u00e1 m\u00e1s de cincuenta oto\u00f1os cumplidos. La sigo con huidiza ojeada mientras se acomoda en el asiento de pl\u00e1stico caliente que acaba de dejar la lectora somnolienta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El metro contin\u00faa desliz\u00e1ndose por los ra\u00edles como una serpiente enloquecida y nos traquetea a su antojo llev\u00e1ndonos por oscuros t\u00faneles al lado de personas desconocidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hay ni\u00f1os peque\u00f1os en esta l\u00ednea, ni a estas horas, que blandeen sus piececillos en el aire sentados o tumbados en sus cochecitos de capota.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tampoco han madrugado hoy los m\u00fasicos callejeros que amenizan o molestan con sus melod\u00edas andinas, ponchos rayados y zapatillas negras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El vag\u00f3n que cojo todos los d\u00edas, hoy me es extra\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Miro al suelo y observo unos zapatos deportivos que alg\u00fan d\u00eda fueron blancos y ahora lucen gastados y quietos sin haber pisado jam\u00e1s una pista atl\u00e9tica, no obstante se acompa\u00f1an tambi\u00e9n de una bolsa de entrenamiento desva\u00edda y desgastada de azules. Casi puedo ver a trav\u00e9s de ella una fiambrera herm\u00e9tica, humeante de comida reci\u00e9n hecha y una peque\u00f1a barra de pan. El obrero al que pertenece la bolsa de lona, ha llegado a su destino y \u00e1gilmente recoge su comida escondida y deja abandonado a su suerte un manoseado peri\u00f3dico gratuito en el asiento ahora vac\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La bella mujer perfumada de flores me atrae poderosamente la atenci\u00f3n y no disimulo mi curiosidad, se levanta despacio y en ese instante el vag\u00f3n aminora la marcha como dominado por una amazona guerrera que le hubiera ganado las riendas a este corcel de hierro. Y yo, imagino al alaz\u00e1n con zapatos, zapatos de caballo, redondos, cascos gastados que esperan nuevas herraduras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La espalda de la mujer, tapizada con una delicada blusa de gasa que se acopla perfectamente a su cuerpo arom\u00e1tico, se alejar\u00e1 de m\u00ed sin arrastrar los pies, desliz\u00e1ndose quieta sobre las escaleras mec\u00e1nicas hasta la superficie iluminada con luz natural. Mientras pienso en ella con los ojos huecos de mirada, se detiene un instante, de repente y como si el tiempo se hubiera ralentizado inexplicablemente, la bella vuelve la cabeza y ojea impertinente mis pies de verano casi descalzos, yo no me lo espero y me angustio, \u00a1me inquieto!, me duele su mirada clavada en ellos e intento juntarlos todo lo que puedo, recogerlos, esconderlos sea como sea debajo de mi asiento, pero el espacio di\u00e1fano no me ayuda y ella asiente y me sonr\u00ede hier\u00e1tica y silenciosa, pero sigue sin apartar la vista de mis pies nerviosos y de mi cara asustada. Y yo me estremezco aterrorizada al ver sus pupilas negras y profundas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras me dirijo al hotel temblando todav\u00eda, se repiten en mi memoria una y otra vez, las palabras de otro adagio que mi madre me recitaba de ni\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u201cTu abuela siempre dec\u00eda que hay seres escogidos, envueltos en aromas silvestres, que camuflados entre nosotros, adivinan la edad exacta de las personas por la forma de sus pies o por la horma de sus zapatos\u201d. Reh\u00fayelas, Gaelle, \u00a1Reh\u00fayelas!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora la voz \u00e1spera de aquella mujer bella no se me va de la cabeza cuando al abandonar el vag\u00f3n me dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cFeliz d\u00eda de cumplea\u00f1os, muchacha\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y escucho mi vocecilla de ni\u00f1a, y mi mano alzada de dedos tiesos, pregunt\u00e1ndole a mi madre: \u00bfcu\u00e1ntos a\u00f1os tengo mam\u00e1?, \u00bfcu\u00e1ndo nac\u00ed?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013\u201cNo quieras saberlo, Gaelle, \u2013contestaba torciendo levemente el gesto\u2013, la abuela siempre dec\u00eda, que quien conoce el d\u00eda en que naci\u00f3, presagiar\u00e1 dos meses antes, el momento de su muerte\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me llamo Gaelle y tengo unos treinta a\u00f1os. 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